Mi primera moto grande, la Moto Guzzi Breva 750 i.e.

De mis clases del latín recuerdo especialmente la traducción de dos frases llenas de verdad. A saber, “el hombre es un lobo para el hombre” y “la experiencia es la madre de la sabiduría”. De esta última porque no he vuelto a encontrar una razón de más peso para vivir al máximo el momento presente y porque conforme voy haciéndome mayor más verdadera se hace esa afirmación.

El 10 de julio de 2007 será uno de esos días que como aspirante a motero no podré olvidar. Y no olvidaré porque la experiencia vivida ha hecho resurgir dentro de mí sensaciones que tras la pesadilla que estoy viviendo por culpa de Derbi e Intermoto Móstoles había olvidado.

Una de las cosas que más me satisfacen de Internet son los espacios de colaboración que hacemos los internautas, como los foros. Allí, en las medidas de nuestras posibilidades aprendemos, aclaramos nuestras dudas y nos ayudamos para profundizar en los temas que nos interesan. Por ello, casi había llegado a repudiar a los comerciales con los que tienes que tratar cuando estás interesado en alguna cosa. Salvo honrosas excepciones, como mis amigos de la tienda de informática, he llegado a vivir situaciones en las que me he sentido insultado por los comerciales que me atienden al explicarme algo que ya conozco de manera totalmente falsa, con argumentaciones erróneas, con tal de venderme el producto. Eso, o que la ignorancia supina del vendedor te exaspera llegando a perder la ilusión por lo que vas a adquirir. Esta circunstancia, aparte de las grandes superficies comerciales, la he sufrido espacialmente en el mundo de la automoción. Tanto cuando adquirí el coche hace más de dos años como cuando adquirí la Derbi hace menos de un año. Siendo especialmente ofensivo en estos casos en los que los productos a adquirir no se caracterizan por su bajo precio. Detalles como que un comercial de Derbi no sepa si los pedales de tu motocicleta son regulables parece muy poco serio. O que otro comercial de Yamaha desprecie a la Derbi GPR por la poca fiabilidad de su motor, cuando lo que monta es un motor Minarelli-Yamaha.

De esta forma, los foros se han convertido en los salvavidas de aquellos que andamos en busca de una gran ilusión pero ante los cuales nuestra ignorancia nos puede jugar una mala pasada. Incluso confieso que ya daba por hecho que el mercado siempre funciona así y que es imposible encontrar a gente de nivel en el mundo de los comerciales de motocicletas.

Sin embargo, el mencionado día 10 de julio, traté con una persona a la que quería comprar una moto pero que lo que hizo fue darme su confianza. Enseñándome lo que realmente me convenía para lo que andaba buscando aunque para él supusiese la pérdida de una venta mayor. Explicándome pormenorizadamente cada uno de los detalles de la motocicleta. Abriéndome de par en par todas sus instalaciones para que viera lo que quisiera. Derivando cualquier preocupación en lo que realmente me podría interesar y aclarándomelo cuantas veces fuera necesario. Haciendo una visita puntual en una cordial compañía de más de dos horas. Mostrando una naturalidad derivada de una plena confianza. Finalicé con la sensación de haber encontrado un amigo con el que compartir esta pasión de las dos ruedas. Pasión que él exhala por cada uno de sus poros y que como la sangre fluye por sus venas demuestra que ha hecho de este mundo un estilo de vida.

Esa persona es mi querido italiano Mauro Abbadini, dueño de Classic Co., en Arganda del Rey. Esta carta es mi homenaje a lo que el 10 de julio de 2007 Mauro hizo por mí. Recuperar la ilusión perdida -y que pensé que no volvería a recuperar-, por este mundo de las dos ruedas. Por demostrar que realmente hay personas detrás de la distribución del sector de las dos ruedas con las que puedes contar y confiar. Muchas gracias, Mauro.

Así, el jueves 19 Mauro me escribió comunicándome que ya habían recibido la Brevita que tanto ansiaba tener, la Breva 750 i.e. Mauro me invitó a pasarme al día siguiente para verla y arrancarla. No me lo pensé dos veces y al día siguiente "secuestré" a mi hermano, poseedor de la NTX, y a su chica y nos fuimos a Arganda del Rey a conocer a mi Brevita.

¡Qué preciosidad!

Ante una motocicleta como esta sobran las palabras.

Señoras y señores, mi nueva montura: la Moto Guzzi Breva 750 i.e.

Maicro con la Brevita

El moñoño de mi hermano que ve que voy a tener antes mi Breva que él su NTX arreglada. Que no se preocupe, que me la traerá él para casa.

La moñoña de mi cuñada, que me la quiere quitar. ¡LAS GANAS!

Mi admirado y querido Mauro junto a su criatura. ¡Gracias, Maestro!

Como he dicho, sobran las palabras.


Tras estrenar la Brevita el 1 de agosto de 2007, una semana y ochocientos kilómetros después me animo a contaros mis primeras sensaciones con ella.

Empezando por lo más importante, el motor. Para mí, el motor perfecto, y digo para mí. Me considero un tipo tranquilo, que le gusta tomarse la vida con tranquilidad, y el motor de la Breva 750 i.e. es el motor idóneo para la gente como yo. Su característico, pero nada incómodo, vibrar te da sensaciones especiales que sólo conocemos los que hemos disfrutado de esos bicilíndricos. Ese bicilíndrico suena de maravilla y en mi montura tiene un carácter que para nada se hace cansado. De nuevo repito, y nunca me cansaré de recordar, esa primera ráfaga que se da a un motor transversal y como el volante de inercia te da la sensación de que la moto se va a desbocar ¡Alucinante! También produce gracia el cosquilleo que se transmiten a las estriberas, que enseguida te haces a él y que para nada resulta cansino.

Es muy curiosa la doble personalidad de este motor. En ciudad, te permite tirar desde las dos mil vueltas en las tres primeras relaciones sin que el motor de muestras de desfallecer. Permitiendo subir hasta las cuatro mil vueltas -en rodaje, después hasta las seis mil-, la elasticidad del motor es impensable, pareciendo más que llevas un variador de escuter -salvando las distancias- en vez de una caja de cambios. Por ello los trayectos urbanos no son nada cansados. Pero una vez que nos alejamos de la urbe, se debe de procurar no bajar de las tres mil quinientas, cuatro mil vueltas, para evitar ahogar el motor en cuarta y quinta velocidad. Esto nos permite emplear la gran fuerza del motor en las reducciones sin tener que tirar prácticamente de frenos. Por ejemplo, el lunes, descendiendo el Puerto de los Leones a Madrid, para una curva de cuarenta reducía a segunda y para una curva de sesenta engranaba tercera. En todo el descenso no requerí tirar de frenos. Mi amigo Carl Faberge, con su Nevada, con el mismo motor que la mía, realiza cruceros de 120 ~ 130 Km/h sin forzar el motor, en torno a las 4.000 rpm. Teniendo en cuenta que se puede subir hasta las seis mil vueltas, esta moto supongo que puede alcanzar los 150 Km/h sin problemas, pero no es su objetivo.

Hay que hacerse a la transmisión cardán. No es difícil pero es más complicado que la cadena. Las reacciones son más violentas, lógicamente, pero con el tacto suficiente y cariño, no deberemos de notar golpes en la moto. A la hora de reducir ayuda meter un poco de gas. A la hora de subir, como he comentado, no soltar rápidamente embrague. De aquí que esta moto, como ya he dicho, tenga como seña de identidad la tranquilidad en su conducción.

La parte ciclo. Pues eso, que parece un ciclo, una bicicleta. Es muy juguetona y desde el primer instante te da toda la confianza. Salté de una montura de 130 Kg a esta de 180 Kg habiendo estado dos meses sin tocar una moto. A pesar de ello, desde el primer momento la Breva transmite una seguridad y una agilidad estupendas. Lógicamente hay que hacerse a ese peso extra y hasta que no me ponga en serio con el tráfico ordinario de Madrid, no podré ser más realista. Aun así, por las calles gira alegremente y si hay que meterse en una vía transversal, sin problemas, inclinas, metes y para adelante. En un principio pensé que los Pirelli Sport Demon, los mismos que calzaba mi GPR y que me dieron muchos sustos, no me permitirían coger tanta confianza con la Breva, pero, de nuevo, el carácter tranquilo de esta motocicleta hace que estas gomas se comporten correctamente. Y todo pesar del cardán.

Los frenos Brembo serie Oro son los que la Breva necesita. El motor es suficiente para reducir solito la velocidad de la moto, por lo que de momento sólo he necesitado los frenos para detenerla. Con el tiempo, y según se valla asentando la zapata, iré exprimiéndolos un poco más. De todas formas, me veo obligado a hundir demasiado el pedal para que el disco trasero colabore en la suavidad de la detención. De nuevo, el tiempo me dará la experiencia suficiente para que no extrañar esta circunstancia, espero.

El asiento, bueno, el sofá , una delicia. Cuatro días después de estrenarla me fui con la gente de Amigos de Anzánigo (foro de usuarios y amigos de Moto Guzzi) hasta Salamanca. Al estar en rodaje paramos cada cien kilómetros más o menos y no pasamos de cuatro mil vueltas, cien kilómetros a la hora. Las posaderas, perfectas, no se resintieron nada. Tan sólo un poco de cansancio en las piernas, pero aliviado suficientemente estirándolas en los trayectos urbanos. De momento no he pasado de los 110 Km/h. A esta velocidad el viento se nota lo suficiente como para que no sea necesaria la instalación de una cúpula. De nuevo, hasta que no finalice el rodaje, no podré evaluar objetivamente este aspecto.

La equipación, para ser un modelo base, es completa. Dos bolsas de herramientas con todo lo necesario, incluso demasiado, y un hueco con tapa para guardar el cepo de disco. Tacómetro electrónico, medido mediante imán en la rueda trasera, de gran exactitud. Con el GPS apenas miente. Junto con el cuentarrevoluciones hacen una pareja de relojes muy fáciles de leer. En el tacómetro una pantalla digital, que también se lee sin problemas, nos informa de la distancia total, parcial, temperatura ambiente y hora. Y los testigos necesarios de presión de aceite, inyección electrónica, punto muerto, intermitencia y reserva de gasolina. Los botones se accionan de maravilla, no tienes que andar buscando el claxon, como me pasaba con la GPR, y es difícil apagar el motor por descuido, como me pasó en un par de ocasiones por el exagerado botón de contacto de la GPR. Las manetas a la distancia exacta y con la fuerza necesaria para no cansar la mano. Es la primera vez que he conseguido accionar freno delantero y acelerador a la vez. Ya sé que soy torpe, pero…

He instalado desde el primer momento un baúl de 45 litros. Mata la estética, preciosa estética, de la Breva, pero para mí se hace necesario. Por ello no sé hasta que punto afectará a la estabilidad de la moto. No me he sentido incómodo, pero seguro que algo de estabilidad resta. Hoy, además la he cargado con una mochila con un pulpo y de maravilla.

El consumo medio en los primeros ochocientos kilómetros se sitúa en cinco con cinco litros a los cien. Se supone que con el tiempo y cuando finalice el rodaje dicho consumo descenderá, así es que encantado.

De toda la gente que ha visto la moto, sólo una persona ha considerado a la GPR más bonita que esta. Partiendo de la base de que son motos totalmente distintas, dentro del sector en el que se encuadra la Breva, para mí gusto, es la más bonita. La exclusividad de ese bicilíndrico en V, los cromados y la combinación del clasicismo con el los avances tecnológicos hacen que esta moto entre por los ojos. Mi hermana la ha comparado con una Harley. No tiene nada que ver, pero dice mucho de lo que la gente siente al ver esta moto. Los cromados son un maquillaje ideal en su diseño, aunque la salida de los tubos de escape de los cilindros ya tienen ese alo característico del cromado recalentado.

Siendo pejigueras podríamos quejarnos del calor que desprende. Aunque personalmente me parece normal y sólo se nota un poco en los pies y a baja, muy baja, velocidad. Hay que hacerse al carácter del cambio, y su truco es meter con ganas las marchas, como me dijo mi hermano.

Concluyendo, los siete mil euros que he invertido en esta montura me parecen poco para lo que ofrece. Sencillez mecánica, bajo consumo y versatilidad para desenvolverse en la ciudad y viajar la hacen, en mi opinión, una moto ideal para iniciarse y en monturas grandes y en los que busquen una motocicleta para todo. Lógicamente, los aguerridos moteros encontrarán en los modelos superiores, ocho y medio y mil cien, la “chicha” que este modelo de siete y medio no va a dar, pero a costa de mayor complicación mecánica, más peso y un mayor desembolso. De momento, yo, estoy encantado.